viernes, 13 de abril de 2012

Haz que los demás te respeten como tu les respetas a ellos


Con nuestros amigos o la propia familia, a veces, las relaciones dejan de ser armónicas y vemos que los que antes nos caían bien empiezan a aprovecharse de nosotros y a faltarnos al respeto.  Esto nos hace sentir inferiores y pensar en que es cosa de la mala suerte o, tal vez, un castigo por algo que hicimos mal en el pasado.
Sin embargo, no deberíamos preocuparnos porque esto es muy común y tiene como causa principal el que nos vean como mansos corderitos, lo que despierta en ellos la fiera que llevan dentro.
Afortunadamente tiene remedio, que pasa por aprender a respetarnos y hacer que los demás nos respeten.
¿Cómo podemos empezar?
Lo primordial  es que mejoremos nuestra seguridad interior y exterior trabajando con dos factores fundamentales, las creencias y el lenguaje corporal.

  1. las creencias: Creer que tenemos que actuar como una buena persona ante los demás nos  hacen vulnerables porque etiquetan nuestra personalidad como muy blanda y se aprovecharán de nosotros.
El origen de todo esto está en nuestra niñez y en  nuestra relación con nuestros padres, hermanos, personas que hemos querido y la propia comunidad. Ellos nos han dicho que deberíamos tratar bien a los demás  y que no deberíamos hacer nada que no nos gustara que nos hicieran. Son  reglas de cortesía que hacen que se aprovechen de  nosotros,  porque actuar como una “buena persona” puede  hacer nos vean como presa fácil. Así,  por ejemplo los bravucones de clase (si somos adolescentes) nos hacen  sufrir y nos bajan la autoestima convirtiéndonos en una persona más insegura.
Por eso os digo: Basta ya de que se abusen de nuestra buena fe, de que no sientan lo que sufrimos, de que nos hagan creer que tienen el derecho a maltratarnos y que no nos merecemos vivir bien. Pongámonos de una vez por todas manos a la obra y cuestionemos ya, si es que nos han hecho más mal que bien, nuestras creencias.
Un buen comienzo sería cambiar el “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hagan a ti” por “haz que los demás te respeten como tú los respetas a ellos”. O si queremos por: “primero esta el respeto hacia mí”.
Con esto cambiaremos nuestra personalidad pasando de pasivos a asertivos y la actitud de las demás personas hacia nosotros, que se lo pensaran dos veces antes atacar nuestros derechos.
  1. El lenguaje corporal:
    Ya hemos tocado la seguridad a nivel interior (con las creencias). Ahora vamos a lo exterior. Hay personas que detectan a los que tenemos personalidad  de mansos corderitos y lo hacen para demostrar su autoridad con su liderazgo rastrero. Se meten con nosotros porque no podemos defendernos ante cualquier agresión que nos hagan  gracias al miedo que han instaurado. Por eso es necesario cambiar nuestra primera impresión antes ellos.
Trabajemos el lenguaje corporal:
·        Pararnos derechos y bien confiados.
·        Hablar  fuerte para que nos escuchen.
·        Marcar nuestro territorio haciéndonos dueños de nuestro propio espacio (cuanto más mejor).
·        Mantener la mirada firme y segura para demostrar nuestra  seguridad.
·        Sacar las manos de  los bolsillos porque a través de ellas comunicamos cualidades de nuestra personalidad (no las desperdiciemos).
·        Ofrecer la sonrisa en el momento adecuado y no para complacer a los demás. Así los hambrientos lobos no nos detectarán como presa fácil.

Como veis no es tan difícil;  pero exige práctica, trabajando el  “antes” más que el “durante”. Es decir, debemos modificar nuestras creencias de persona pasiva en asertiva cambiando las posturas corporales hacia una mayor seguridad
y confianza.

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